Y la verdad es que volví a casa sientiéndome como pinche quinceañera.
domingo, 12 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
My pocket cannot hold the world.
- Es cuestión de orgullo compadre! - Le dije al arroz mientras lo vertía sobre un sartén con aceite casi hirviendo y unos pedazitos de ajo.
Y es que sí era cuestión de orgullo, no sé por qué ultimamente (comprendiendo la palabra " ultimamente " como un período de más de 6 meses) el arroz simplemente no me queda. Cuando termino de cocinarlo obtengo una cosa gorda y masuda, pero con buen sabor (muajaja).
Comprobé que es cierto, que si no pongo atención no aprendo las cosas, mi mamá ya me había explicado cómo hacer un arroz decente, pero tengo la cabeza tan llena de cosas que mientras ella se explicaba, yo pensaba en ese montón de historias que se cuentan todas al mismo tiempo y me llegan atropelladas.
Entonces pensé en las cosas que he aprendido los últimos 23 años. Después pensé en escribir un post sobre ellas. Después pensé que eso sería más ideal en un cumpleaños ó en la vispera del mismo. Después pensé " Y si me muero antes? Condenaría a esa lista de cosas a vivir eternamente en un limbo de cuentos mutilados. ".
Así que me dije " Oh no Edgar, has tu post en este momento. "
Y he aquí la lista (no completa aún, por que no me he terminado los 23 años) de las cosas que he aprendido hasta hoy:
*Caminar sin enredarme en los pies.
*Andar en bicicleta.
*Jugar basketball.
*Que ganar no lo es todo (pero ah cuántos premios puede darte!)
*Amarrarme las agujetas sin que se deshaga el nudo.
*Escribir sin errores ortográficos.
*Que si toco una olla mientras está en el fuego sin usar manopla me quemo.
*Que me duele cuando me quemo.
*Que no es bueno acercarse a un conejo más grande que tú.
*Sostener un vaso.
*Tocar la guitarra y el piano (aunque creo que en esas dos siempre estaré "en proceso")
*Que si me duermo en la playa sin ponerme bloqueador antes, tendré una mala experiencia que contar al día siguiente.
*Que las verduras al vapor saben mejor si les pongo una rajita de canela.
*Que no es buena idea mezclar cerveza y whisky.
*Que " 5 minutitos más " nunca son precisos.
*Que no es bueno conectar un aparato con los pies descalzos.
*Que no debo bajar las escaleras corriendo mientras tengo patines puestos.
*Que una consola de nintendo no merece que me quede inválido (aunque no he logrado convencerme de ello)
*Que cuando alguien dice " Te quiero " no significa que realmente lo sienta, la mayor parte del tiempo es sólo una acción para salir al paso.
*Que la gente tiene mucha mierda en la cabeza, y tratar proactivamente de resolverlos no es siempre la mejor decisión.
*Que no es bueno ir a un concierto con una camisa sin mangas, menos si comienza desde el medio día y es pleno verano, y menos aún sin usar bloqueador.
*Que tengo buenos amigos.
*Que el perdón es un bonito regalo.
*Que no es bueno argumentar con un policía estando borracho.
*Que mi familia puede molestarse cuando obvio situaciones a través de mis cuentos.
*Que decir " soy gay " no me convierte magicamente en una pseudo hada transexual súper cachonda y sin valores morales.
*Que puedo ver más de una película en el Cinemark de Plaza Caracol si la muchacha de los boletos se distrae.
*Que la comida con muchas especias me cae mal.
*Que el color del mar cambia de una playa a otra.
*Que no es bueno escribir cartas de amor y no mandarlas.
*No decir " Compuse esta canción para ti " y así me evito muchos conflictos.
*Que soy el más feliz cuando estoy enamorado.
*Que mantengo una esencia medio infantil y ñoña.
*Que el ron sabe mejor cuando le pongo clavo y canela.
*Que el sushi puede ser adictivo.
*Que la carne de cerdo no me hace feliz.
*Que un mejor amigo puede vivir lejos.
*Que duele cuando viven lejos.
*Que una cama puede ser muy ruidosa y traicionera.
*Que me alegra cuando escucho una risilla penosa.
*Que mi mamá es lo mejor.
*Que un café, un buen playlist, una calle larga y un clima nubladito pueden curar muchos pesares.
*Que ser el más pequeño de mis hermanos no me hace el más chaparrito (verdad Martha?)
*Que agregarle séptimas a todos los acordes en una tonalidad no es precisamente enriquecerlos.
*Que la voz de una mujer que no conozco puede traerme recuerdos de otra mujer que sí conozco, motivarme tanto y empujarme al filo de las lágrimas, mientras me cuenta historias que sé, de las cuáles soy partícipe y entrega postales mentales de momentos bonitos.
*Que ser soltero no es lo peor de todo.
*Que el perfume que usa mi mamá no huele igual en las demás señoras.
*Que puedo saber mucho sobre alguien escuchando la música que escucha.
*Que me pongo contento cuando como icee.
El arroz quedó bueno, por cierto!
Y es que sí era cuestión de orgullo, no sé por qué ultimamente (comprendiendo la palabra " ultimamente " como un período de más de 6 meses) el arroz simplemente no me queda. Cuando termino de cocinarlo obtengo una cosa gorda y masuda, pero con buen sabor (muajaja).
Comprobé que es cierto, que si no pongo atención no aprendo las cosas, mi mamá ya me había explicado cómo hacer un arroz decente, pero tengo la cabeza tan llena de cosas que mientras ella se explicaba, yo pensaba en ese montón de historias que se cuentan todas al mismo tiempo y me llegan atropelladas.
Entonces pensé en las cosas que he aprendido los últimos 23 años. Después pensé en escribir un post sobre ellas. Después pensé que eso sería más ideal en un cumpleaños ó en la vispera del mismo. Después pensé " Y si me muero antes? Condenaría a esa lista de cosas a vivir eternamente en un limbo de cuentos mutilados. ".
Así que me dije " Oh no Edgar, has tu post en este momento. "
Y he aquí la lista (no completa aún, por que no me he terminado los 23 años) de las cosas que he aprendido hasta hoy:
*Caminar sin enredarme en los pies.
*Andar en bicicleta.
*Jugar basketball.
*Que ganar no lo es todo (pero ah cuántos premios puede darte!)
*Amarrarme las agujetas sin que se deshaga el nudo.
*Escribir sin errores ortográficos.
*Que si toco una olla mientras está en el fuego sin usar manopla me quemo.
*Que me duele cuando me quemo.
*Que no es bueno acercarse a un conejo más grande que tú.
*Sostener un vaso.
*Tocar la guitarra y el piano (aunque creo que en esas dos siempre estaré "en proceso")
*Que si me duermo en la playa sin ponerme bloqueador antes, tendré una mala experiencia que contar al día siguiente.
*Que las verduras al vapor saben mejor si les pongo una rajita de canela.
*Que no es buena idea mezclar cerveza y whisky.
*Que " 5 minutitos más " nunca son precisos.
*Que no es bueno conectar un aparato con los pies descalzos.
*Que no debo bajar las escaleras corriendo mientras tengo patines puestos.
*Que una consola de nintendo no merece que me quede inválido (aunque no he logrado convencerme de ello)
*Que cuando alguien dice " Te quiero " no significa que realmente lo sienta, la mayor parte del tiempo es sólo una acción para salir al paso.
*Que la gente tiene mucha mierda en la cabeza, y tratar proactivamente de resolverlos no es siempre la mejor decisión.
*Que no es bueno ir a un concierto con una camisa sin mangas, menos si comienza desde el medio día y es pleno verano, y menos aún sin usar bloqueador.
*Que tengo buenos amigos.
*Que el perdón es un bonito regalo.
*Que no es bueno argumentar con un policía estando borracho.
*Que mi familia puede molestarse cuando obvio situaciones a través de mis cuentos.
*Que decir " soy gay " no me convierte magicamente en una pseudo hada transexual súper cachonda y sin valores morales.
*Que puedo ver más de una película en el Cinemark de Plaza Caracol si la muchacha de los boletos se distrae.
*Que la comida con muchas especias me cae mal.
*Que el color del mar cambia de una playa a otra.
*Que no es bueno escribir cartas de amor y no mandarlas.
*No decir " Compuse esta canción para ti " y así me evito muchos conflictos.
*Que soy el más feliz cuando estoy enamorado.
*Que mantengo una esencia medio infantil y ñoña.
*Que el ron sabe mejor cuando le pongo clavo y canela.
*Que el sushi puede ser adictivo.
*Que la carne de cerdo no me hace feliz.
*Que un mejor amigo puede vivir lejos.
*Que duele cuando viven lejos.
*Que una cama puede ser muy ruidosa y traicionera.
*Que me alegra cuando escucho una risilla penosa.
*Que mi mamá es lo mejor.
*Que un café, un buen playlist, una calle larga y un clima nubladito pueden curar muchos pesares.
*Que ser el más pequeño de mis hermanos no me hace el más chaparrito (verdad Martha?)
*Que agregarle séptimas a todos los acordes en una tonalidad no es precisamente enriquecerlos.
*Que la voz de una mujer que no conozco puede traerme recuerdos de otra mujer que sí conozco, motivarme tanto y empujarme al filo de las lágrimas, mientras me cuenta historias que sé, de las cuáles soy partícipe y entrega postales mentales de momentos bonitos.
*Que ser soltero no es lo peor de todo.
*Que el perfume que usa mi mamá no huele igual en las demás señoras.
*Que puedo saber mucho sobre alguien escuchando la música que escucha.
*Que me pongo contento cuando como icee.
El arroz quedó bueno, por cierto!
domingo, 5 de julio de 2009
La letra J
Siempre ha sido así.
Desde que lo recuerdo gran parte de los acontecimientos que me ocurren se han visto definidos por ella.
Alegrías, tristezas, confusiones, cariños, enojos, desesperos .. hasta mis canciones chinga'!
Hoy me sentí tremendamente raro.
Es algo en el estómago, la cabeza y el corazón.
Cuando duermo encuentro un mundo repleto de posibilidades que, al abrir los ojos, frenan bruscamente y se detienen en seco.
A veces quisiera tener más habilidad con las palabras y decir lo que el corazón me dicta, pero algo ocurre dentro que termina por jalarme y dejarme " parqueado " en un tipo de estabilidad bastante mediocre y ácida.
Entonces, ya con los ojos abiertos, me siento al filo de la cama, cruzo las piernas al frente, observo mis dedos y ellos me miran también, con sus siluetas disparejas, larguillas, regordetas. Se abren y se juntan, se cuentan historias entre sí. Hablan de aquella ocasión en que despertaron enredados por primera vez en otros dedos, igual de regordetes pero no tan larguchos. O las ocasiones en que han estado más cerca de mi frente que del suelo. O de las caminatas largas. O de la vez que la lluvia nos sorprendió en una ciudad extraña, que recién andábamos conociendo, y que yo con todo y maleta preferí caminar más de 200 metros para tomar un taxi, a pesar que, saliendo de la estación de autobuses se nos acercaron más de 4 sujetos ofreciendo " el mejor servicio de la ciudad ". Hablan de las noches que pasamos solos en casa, mientras mamá había salido de la ciudad, cuando yo preparaba chocolate caliente con canela, encendía una vela con aroma de vainilla en mi habitación y leía en voz alta cuentos que algún espíritu bonachón se había acercado a platicarme.
Hablan y se platican tantas cosas, que a veces me cuesta creer que los he traído de arriba a abajo, sin darme cuenta que la compañía más grata que siempre he tenido, ha sido ese par de garrochas flexibles, que no se quejan ni me ponen " peros ", y que últimamente tienen frío también.
Desde que lo recuerdo gran parte de los acontecimientos que me ocurren se han visto definidos por ella.
Alegrías, tristezas, confusiones, cariños, enojos, desesperos .. hasta mis canciones chinga'!
Hoy me sentí tremendamente raro.
Es algo en el estómago, la cabeza y el corazón.
Cuando duermo encuentro un mundo repleto de posibilidades que, al abrir los ojos, frenan bruscamente y se detienen en seco.
A veces quisiera tener más habilidad con las palabras y decir lo que el corazón me dicta, pero algo ocurre dentro que termina por jalarme y dejarme " parqueado " en un tipo de estabilidad bastante mediocre y ácida.
Entonces, ya con los ojos abiertos, me siento al filo de la cama, cruzo las piernas al frente, observo mis dedos y ellos me miran también, con sus siluetas disparejas, larguillas, regordetas. Se abren y se juntan, se cuentan historias entre sí. Hablan de aquella ocasión en que despertaron enredados por primera vez en otros dedos, igual de regordetes pero no tan larguchos. O las ocasiones en que han estado más cerca de mi frente que del suelo. O de las caminatas largas. O de la vez que la lluvia nos sorprendió en una ciudad extraña, que recién andábamos conociendo, y que yo con todo y maleta preferí caminar más de 200 metros para tomar un taxi, a pesar que, saliendo de la estación de autobuses se nos acercaron más de 4 sujetos ofreciendo " el mejor servicio de la ciudad ". Hablan de las noches que pasamos solos en casa, mientras mamá había salido de la ciudad, cuando yo preparaba chocolate caliente con canela, encendía una vela con aroma de vainilla en mi habitación y leía en voz alta cuentos que algún espíritu bonachón se había acercado a platicarme.
Hablan y se platican tantas cosas, que a veces me cuesta creer que los he traído de arriba a abajo, sin darme cuenta que la compañía más grata que siempre he tenido, ha sido ese par de garrochas flexibles, que no se quejan ni me ponen " peros ", y que últimamente tienen frío también.
sábado, 27 de junio de 2009
Acercamiento emocional Tío-sobrina.
Mientras intentaba resolverle dudas del ingreso per-capita a un amigo de Ingrid, agregué a una ventana de 3 personas a mi sobrina, el orgullo de la familia. La única que quiere estudiar una carrera realmente prometedora.
Edgar: Oye Kalya, ¿tienes amigos guapetones, inteligentes, bien educados, culturosos y gays?. Con uno que tengas me doy.
Kalya: Guapos no .. gays sí.
Edgar: Ok ok .. Los que no son guapos, ¿tienen buen carisma?
Kalya: Mmm .. no sé.
Edgar: Bueno bueno .. esos que son gays, ¿son inteligentes, educados y culturosos?
Kalya: No .. son de esos gays indeseables, que actuan afeminado y creen saber más de moda que tú.
Edgar: Guacala Kalya! Te prohibo que tengas amigos así!
Kalya: Yo no dije que fueran mis amigos, simplemente los conozco. ¿Por que preguntas?
Edgar: Pues por que ya tengo casi 24 años y sigo soltero, la mayoría de mis amigos ya se casaron, o estan a punto de, o ya tuvieron al menos un hijo y yo ni una enfermedad venérea si quiera.
Kalya: Jaja ... ya me voy, debo lavar platos.
Edgar: Oye Kalya, ¿tienes amigos guapetones, inteligentes, bien educados, culturosos y gays?. Con uno que tengas me doy.
Kalya: Guapos no .. gays sí.
Edgar: Ok ok .. Los que no son guapos, ¿tienen buen carisma?
Kalya: Mmm .. no sé.
Edgar: Bueno bueno .. esos que son gays, ¿son inteligentes, educados y culturosos?
Kalya: No .. son de esos gays indeseables, que actuan afeminado y creen saber más de moda que tú.
Edgar: Guacala Kalya! Te prohibo que tengas amigos así!
Kalya: Yo no dije que fueran mis amigos, simplemente los conozco. ¿Por que preguntas?
Edgar: Pues por que ya tengo casi 24 años y sigo soltero, la mayoría de mis amigos ya se casaron, o estan a punto de, o ya tuvieron al menos un hijo y yo ni una enfermedad venérea si quiera.
Kalya: Jaja ... ya me voy, debo lavar platos.
viernes, 26 de junio de 2009
NO voy a hablar de la muerte de Michael Jackson en mi blog, punto.
Me parece VERGONZOSA la actitud de algunas personas que, aunque sea de broma, se muestran profundamente consternadas a raíz de la muerte de este conocido ícono de la música pop.
Que si su muerte se dió en circunstancias extrañas.
Que nadie lo esperaba.
Que se sacaron de onda.
FAVOR DE NO MAMAR.
A diario muere gente en las circunstancias más extrañas y más vergonzosas.
Indigenas mueren en la sierra por inanición.
Padres de familia, esposas, hermanos, abuelas, tías, vecinas, amigas, mueren a diario, víctimas de secuestradores, asaltantes, cafres del volante, y a alguien le importa un carajo?
Alguien hace algo?
Lo pasan en la televisión?
Se vuelve duelo nacional?
NO.
Algo muere siempre frente a nuestros ojos.
El planeta entero perece de a poco.
Pero claro, eso no es causa de alarma mundial, o necesario de escribirse en los nicks, o buen tema para hacer un chiste.
Que si su muerte se dió en circunstancias extrañas.
Que nadie lo esperaba.
Que se sacaron de onda.
FAVOR DE NO MAMAR.
A diario muere gente en las circunstancias más extrañas y más vergonzosas.
Indigenas mueren en la sierra por inanición.
Padres de familia, esposas, hermanos, abuelas, tías, vecinas, amigas, mueren a diario, víctimas de secuestradores, asaltantes, cafres del volante, y a alguien le importa un carajo?
Alguien hace algo?
Lo pasan en la televisión?
Se vuelve duelo nacional?
NO.
Algo muere siempre frente a nuestros ojos.
El planeta entero perece de a poco.
Pero claro, eso no es causa de alarma mundial, o necesario de escribirse en los nicks, o buen tema para hacer un chiste.
Ser el instante de tus días mágicos. Ser el momento que ansías.
Aquí les comparto un poco de mi reciente intento por escribir cuentos " no tan cortos ".
La historia no tiene un nombre aún.
Publicaré una parte y así lo iré haciendo por que el relato sí está un poco largo y aún no termino de escribirlo.
Gracias a todos y bonito día (ó noche según sea el caso).
- Susana ya duérmete y guarda ese libro, te vas a volver loca!. Le gritó una voz esforzada que había viajado desde la sala en el primer piso de su casa hasta el lado derecho de su cama, pasando por las hendiduras de la puerta y deteniéndose a tomar un respiro justo antes de llegar a sus oídos. No respondió, jugando al papel de Bella Durmiente. Se movió sigilosa sobre su cama, rogando al cielo que los resortes en su colchón no la traicionaran. La base estaba hecha de madera, una madera vieja y corroída que crujía calladamente con cada movimiento de Susana.
- ¿Me escuchaste jovencita?.- Insistió la voz.
- ¿Me hablas mamá? – Respondió apenas con ganas. El sonido se arrastraba en el aire. Fingía estar adormecida mientras estiraba la mano para poner el libro sobre su escritorio.
- No te hagas la loca. – Y se oyeron pasos que desde abajo se acercaban. Tum tum tum tum. Subían por las escaleras, golpeteando el piso. Molestos. Apurados. Decididos. Ella regresa a su cama rápidamente y se enreda en las sábanas, cual culebra en su improvisado nido.
Escucha el maullido de la puerta al abrirse. Tras de sus párpados, que hasta hacía unos segundos había un fondo oscuro, ve ahora una luz rosa con ligeras venitas rojas y verdes, que serpentean sin dirección alguna.
- A mí no me quieras jugar, estabas leyendo ese libro de nuevo. ¿Dónde está? – Inquiría la voz aguda. Salpicando su cólera.
- ¿De qué hablas mamá? – Difícilmente se le escuchaba. – Yo estaba dormida – Dice sin abrir los ojos.
- Aquí esta – Se le escucha victoriosa. – Y óyeme bien niñita, es la última vez que te quiero sorprender leyendo esto. No estás en edad de andarte sembrando ideas, de por sí sabe Dios de donde se te ocurre todo lo que se te ocurre. Quítate los lentes, guarda esa lámpara y duérmete ya, que mañana es día de escuela y no pienso llevarte tarde. – La habían descubierto. Se cerró la puerta.
Susana, de apenas 11 años era más que una niña, una estudiante, una hija o una amiga. Susana era una exploradora en la parte más indómita del Amazonas. Ahí dónde el sudor del viento cae sobre el pecho ardiente de la tierra, y después, vencido, agotado, diluido, vulnerable, se eleva con las tibias ondas del mismo aire del que nació, hasta llegar al cielo fresco quien lo cuida, lo alimenta, lo cobija en sus inmensas nubes y le permite entonces regresar. Triunfante. Altivo. Bello. Le regala de nuevo el corazón del Amazonas, para aplacarle el calor a la tierra. Engordar los ríos. Lavar las plantas. Es ahí donde Susana se ha establecido también. Construyendo una diminuta, pero cómoda, choza de paja. Curando a los nativos. Enseñándoles sobre Teología, Matemáticas, Gastronomía, y sobre todo, a leer.
Ha viajado por el interminable hastío del Sáhara, formando parte importante en el reencuentro de dos amantes.
* Montserrat Cambra y Santiago San Román, eran apenas unos chiquillos cuando los largos y afanosos brazos del amor los alcanzaron. Montse tendría quizá unos diecisiete y Santiago estaba ya por cumplir los veintiuno, formaba parte de una legión militar en España. Durante las elecciones de 1933 y el triunfo de los derechistas hubo una sublevación del pueblo contra el gobierno. Ardían Iglesias, volaban balas, pedazos de concreto y extremidades humanas con la sangre aún caliente. Era difícil, por no decir imposible, dormir en noches agitadas como esas. El cielo abierto, oscuro, parecía estar de duelo, y en el aire estaba ese olor a cadáver chamuscado al que no se escapaba nadie. En la escaza quietud de su hogar, Montse regresaba de la escuela. Tocaba el piano. Hacía tareas. Comía puntual. Cepillaba sus dientes y su cabello. Leía una novela. Caminaba incierta por su pieza, provocándose el cansancio, tratando de encontrar el sueño.
- ¿Cómo sería morir despedazada por una bomba? – Se preguntaba. – Y que el único sonido que te despida de este mundo vacío y sin vida sea sólo eso, un estallido. Sentir las fibras de tus oídos despedazándose. Sentir el cuerpo arder, y en la visión oscura de tus ojos cerrados, saberte obligada a mirar el fuego consumiéndote. Tu cuerpo inútil reventando contra la pared de un edificio que pronto cederá ante la explosión. Resquebrajándose. Cayendo sobre ti y rompiéndote en mil.
Movió las sábanas, los cojines, y se dispuso entonces a dormir. Lejos iban quedando los sonidos. La respiración de la casa, de los gatos, de la noche, de ella misma.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - Se oían como un eco las palabras. Montse avanzaba sobre un camino oscuro, sin saber con certeza hacia dónde se dirigía pero por alguna extraña razón tenía la corazonada abrumadora de seguir esa voz.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - El sonido se amplificaba por el lugar, recorriendo paredes inexistentes, dando una sensación de vacío insufrible.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - Una luz se enciende sin que pueda saberse de donde proviene. Ilumina a un pequeño regordete de un año quizá, de espaldas a Montse. Sus cabellos rubios arrojan destellos con el reflejo de la luz. Tenía una piel blancuzca.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - Estira las manos y alcanza la cintura del pequeño, lo levanta y lo pone de frente hacia ella para reconocerle la cara. Un grito nace en la garganta de Montse y revienta por aquel espacio, ahogando el poco silencio que se paseaba por el lugar. La cara del niño era una mezcla amorfa entre los ojos y labios de ella con la nariz chata y amoratada de Santiago San Román. Aterrada suelta aquel crío y lo deja caer sobre el suelo que se había convertido en algo muy parecido a la boca de un muerto y se tragaba hasta el último pedazo de esa pequeña bolita de algodón y cabellos rubios.
La historia no tiene un nombre aún.
Publicaré una parte y así lo iré haciendo por que el relato sí está un poco largo y aún no termino de escribirlo.
Gracias a todos y bonito día (ó noche según sea el caso).
- Susana ya duérmete y guarda ese libro, te vas a volver loca!. Le gritó una voz esforzada que había viajado desde la sala en el primer piso de su casa hasta el lado derecho de su cama, pasando por las hendiduras de la puerta y deteniéndose a tomar un respiro justo antes de llegar a sus oídos. No respondió, jugando al papel de Bella Durmiente. Se movió sigilosa sobre su cama, rogando al cielo que los resortes en su colchón no la traicionaran. La base estaba hecha de madera, una madera vieja y corroída que crujía calladamente con cada movimiento de Susana.
- ¿Me escuchaste jovencita?.- Insistió la voz.
- ¿Me hablas mamá? – Respondió apenas con ganas. El sonido se arrastraba en el aire. Fingía estar adormecida mientras estiraba la mano para poner el libro sobre su escritorio.
- No te hagas la loca. – Y se oyeron pasos que desde abajo se acercaban. Tum tum tum tum. Subían por las escaleras, golpeteando el piso. Molestos. Apurados. Decididos. Ella regresa a su cama rápidamente y se enreda en las sábanas, cual culebra en su improvisado nido.
Escucha el maullido de la puerta al abrirse. Tras de sus párpados, que hasta hacía unos segundos había un fondo oscuro, ve ahora una luz rosa con ligeras venitas rojas y verdes, que serpentean sin dirección alguna.
- A mí no me quieras jugar, estabas leyendo ese libro de nuevo. ¿Dónde está? – Inquiría la voz aguda. Salpicando su cólera.
- ¿De qué hablas mamá? – Difícilmente se le escuchaba. – Yo estaba dormida – Dice sin abrir los ojos.
- Aquí esta – Se le escucha victoriosa. – Y óyeme bien niñita, es la última vez que te quiero sorprender leyendo esto. No estás en edad de andarte sembrando ideas, de por sí sabe Dios de donde se te ocurre todo lo que se te ocurre. Quítate los lentes, guarda esa lámpara y duérmete ya, que mañana es día de escuela y no pienso llevarte tarde. – La habían descubierto. Se cerró la puerta.
Susana, de apenas 11 años era más que una niña, una estudiante, una hija o una amiga. Susana era una exploradora en la parte más indómita del Amazonas. Ahí dónde el sudor del viento cae sobre el pecho ardiente de la tierra, y después, vencido, agotado, diluido, vulnerable, se eleva con las tibias ondas del mismo aire del que nació, hasta llegar al cielo fresco quien lo cuida, lo alimenta, lo cobija en sus inmensas nubes y le permite entonces regresar. Triunfante. Altivo. Bello. Le regala de nuevo el corazón del Amazonas, para aplacarle el calor a la tierra. Engordar los ríos. Lavar las plantas. Es ahí donde Susana se ha establecido también. Construyendo una diminuta, pero cómoda, choza de paja. Curando a los nativos. Enseñándoles sobre Teología, Matemáticas, Gastronomía, y sobre todo, a leer.
Ha viajado por el interminable hastío del Sáhara, formando parte importante en el reencuentro de dos amantes.
* Montserrat Cambra y Santiago San Román, eran apenas unos chiquillos cuando los largos y afanosos brazos del amor los alcanzaron. Montse tendría quizá unos diecisiete y Santiago estaba ya por cumplir los veintiuno, formaba parte de una legión militar en España. Durante las elecciones de 1933 y el triunfo de los derechistas hubo una sublevación del pueblo contra el gobierno. Ardían Iglesias, volaban balas, pedazos de concreto y extremidades humanas con la sangre aún caliente. Era difícil, por no decir imposible, dormir en noches agitadas como esas. El cielo abierto, oscuro, parecía estar de duelo, y en el aire estaba ese olor a cadáver chamuscado al que no se escapaba nadie. En la escaza quietud de su hogar, Montse regresaba de la escuela. Tocaba el piano. Hacía tareas. Comía puntual. Cepillaba sus dientes y su cabello. Leía una novela. Caminaba incierta por su pieza, provocándose el cansancio, tratando de encontrar el sueño.
- ¿Cómo sería morir despedazada por una bomba? – Se preguntaba. – Y que el único sonido que te despida de este mundo vacío y sin vida sea sólo eso, un estallido. Sentir las fibras de tus oídos despedazándose. Sentir el cuerpo arder, y en la visión oscura de tus ojos cerrados, saberte obligada a mirar el fuego consumiéndote. Tu cuerpo inútil reventando contra la pared de un edificio que pronto cederá ante la explosión. Resquebrajándose. Cayendo sobre ti y rompiéndote en mil.
Movió las sábanas, los cojines, y se dispuso entonces a dormir. Lejos iban quedando los sonidos. La respiración de la casa, de los gatos, de la noche, de ella misma.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - Se oían como un eco las palabras. Montse avanzaba sobre un camino oscuro, sin saber con certeza hacia dónde se dirigía pero por alguna extraña razón tenía la corazonada abrumadora de seguir esa voz.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - El sonido se amplificaba por el lugar, recorriendo paredes inexistentes, dando una sensación de vacío insufrible.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - Una luz se enciende sin que pueda saberse de donde proviene. Ilumina a un pequeño regordete de un año quizá, de espaldas a Montse. Sus cabellos rubios arrojan destellos con el reflejo de la luz. Tenía una piel blancuzca.
- Mamá, mamá. Eche. Eche. Aba. Aba. - Estira las manos y alcanza la cintura del pequeño, lo levanta y lo pone de frente hacia ella para reconocerle la cara. Un grito nace en la garganta de Montse y revienta por aquel espacio, ahogando el poco silencio que se paseaba por el lugar. La cara del niño era una mezcla amorfa entre los ojos y labios de ella con la nariz chata y amoratada de Santiago San Román. Aterrada suelta aquel crío y lo deja caer sobre el suelo que se había convertido en algo muy parecido a la boca de un muerto y se tragaba hasta el último pedazo de esa pequeña bolita de algodón y cabellos rubios.
Luck, be a lady tonight.
Acabo de despedir a una amiga.
Una muy buena amiga.
Creo que me siento triste.
La conocí en las circunstancias más peculiares, y hemos pasado muy bonitos momentos juntos.
Ahora nos separan muchos y muchos kilómetros, muchas personas, muchos idiomas, muchas historias.
Curiosamente tenía unas enormes ganas de abrazarla fuerte y de decirle que la extrañé, aún las tengo, pero no lo hice.
Supongo que ya lo sabe.
Siempre supongo que lo saben.
Platicamos sobre comida (por que somos tremendos fanáticos de ella), sobre platillos, condimentos, postres, postres, postres y más postres.
Sobre las cosas que andamos haciendo, sobre sus pacientes, sobre sus amores y los míos.
Me sentía satisfecho al volver a casa, pues traía una sensación de estómago lleno.
Hice mis cosas, corrí un poco, estudié esto, lavé aquello, esperé y esperé una noche de películas que se ha venido postergando.
Casi al caer la noche el corazón se me acongojó por la despedida.
Soy pésimo para ellas.
Entonces metí las narices en el refrigerador, en busca de una promesa de alegría y paz mental.
Cocinar siempre me da esa condición.
Me preparé un filete de Sirloin (uno de mis favoritos), con pimienta blanca, champiñones y cebolla.
Redescubrí el placer de comerse un buen chile toreado (muy comunes en la comida mexicana).
Y es que es de verdad una sorpresa tan grata recibir esa oleada de calor en la garganta.
No soy un fanático de los chiles, pero debo admitir que hay ciertas comidas en las cuales no puedo perdonarlo. Comer tacos sin chile me hace sentir que no como tacos.
Se crea una atmósfera de mucha expectativa mientras está uno cocinandolo.
No sé ustedes, mis muy apreciables lectores bloggeros, pero a mí me gusta mucho cocinarlos en un poco de mantequilla.
Pongo el fuego bajo para que se caliente bien, y entonces arrojo a aquel pobre condenado a las fauses del calor en mi sartén.
Espero que se vaya cocinando, que la piel se le cristalize y añado poquita sal.
Voy dándole vueltas y vueltas. Primero un lado, después el otro, mientras mi mente maquina las más sabrosas imágenes, derrotando a mi paladar quien al verse vencido, se ahoga poco a poco en las aguas que él mismo crea, anticipando la dulzura, el ardor, las agujas en la lengua. Con los chiles nunca se sabe.
Una muy buena amiga.
Creo que me siento triste.
La conocí en las circunstancias más peculiares, y hemos pasado muy bonitos momentos juntos.
Ahora nos separan muchos y muchos kilómetros, muchas personas, muchos idiomas, muchas historias.
Curiosamente tenía unas enormes ganas de abrazarla fuerte y de decirle que la extrañé, aún las tengo, pero no lo hice.
Supongo que ya lo sabe.
Siempre supongo que lo saben.
Platicamos sobre comida (por que somos tremendos fanáticos de ella), sobre platillos, condimentos, postres, postres, postres y más postres.
Sobre las cosas que andamos haciendo, sobre sus pacientes, sobre sus amores y los míos.
Me sentía satisfecho al volver a casa, pues traía una sensación de estómago lleno.
Hice mis cosas, corrí un poco, estudié esto, lavé aquello, esperé y esperé una noche de películas que se ha venido postergando.
Casi al caer la noche el corazón se me acongojó por la despedida.
Soy pésimo para ellas.
Entonces metí las narices en el refrigerador, en busca de una promesa de alegría y paz mental.
Cocinar siempre me da esa condición.
Me preparé un filete de Sirloin (uno de mis favoritos), con pimienta blanca, champiñones y cebolla.
Redescubrí el placer de comerse un buen chile toreado (muy comunes en la comida mexicana).
Y es que es de verdad una sorpresa tan grata recibir esa oleada de calor en la garganta.
No soy un fanático de los chiles, pero debo admitir que hay ciertas comidas en las cuales no puedo perdonarlo. Comer tacos sin chile me hace sentir que no como tacos.
Se crea una atmósfera de mucha expectativa mientras está uno cocinandolo.
No sé ustedes, mis muy apreciables lectores bloggeros, pero a mí me gusta mucho cocinarlos en un poco de mantequilla.
Pongo el fuego bajo para que se caliente bien, y entonces arrojo a aquel pobre condenado a las fauses del calor en mi sartén.
Espero que se vaya cocinando, que la piel se le cristalize y añado poquita sal.
Voy dándole vueltas y vueltas. Primero un lado, después el otro, mientras mi mente maquina las más sabrosas imágenes, derrotando a mi paladar quien al verse vencido, se ahoga poco a poco en las aguas que él mismo crea, anticipando la dulzura, el ardor, las agujas en la lengua. Con los chiles nunca se sabe.
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