Camino el camino y camino.
Ausencia de brisa salada y candor.
Escasa la familiaridad y el verdor.
Extraño, extraño, extraño.
La voz del mar se mantiene callada.
¿Será que ha perdido su fuerza?
La voz del mar se siente debilmente cercana.
¿Será que de la playa se aleja?
Voy cediendo la ventaja ganada,
A pesar de aferrarme con fuerza a la estabilidad que me daba.
O quizá sea tal vez, la sola idea de saberme cambiado, cambiante, cambiando.
Camino, y camino, sin la voluntad de caminar.
Ultimamente hago todo a sabiendas de que a la razón
le importa un carajo.
No he logrado persuadirme, convencerme de que todo irá mejor.
domingo, 6 de abril de 2008
sábado, 5 de abril de 2008
De una historia
¿Cómo le hago para explicar?
¿Por dónde comenzar?.
Cuando se habla de una historia, he escuchado se debe comenzar por el principio.
Por alguna razón siento que sería mejor hablar de nuestro final, ese que aún no encuentro, pero sé que está, por ahí, dormido en algún rincón de mi cabeza.
Apareces y el espíritu se ensancha, de grandeza, de ímpetu, de alegría y calidez, de sonrisas y canciones.
El ser diminuto que era, no es más.
Termina la anonimidad, ya existo.
Descubro que puedo hablar.
Mis labios se abren, te llaman; asistes, me besas.
Los brazos se me vuelven largos, te envuelvo.
Los pulmones inflados de felicidad, te piden: "No te vayas"
¿Y después? No más.
" No más " me explico yo: " No más .. ".
Lo siguiente: Olvidar.
¿Olvidar?
¿Cómo hago?.
Inconclusión.
- Hola, buenas noches, me das un ticket para " La última hora" ?.
-Claro, sólo uno? (me mira fijo y con cierta extrañeza)
-Sí, si eres tan amable. (Sonrío, admitiendo su extrañeza.)
Palabra, tras palabra, tras palabra que escupe la pantalla, y golpean mi frente sin decirme nada, y de pronto ahí está la imagen, demacrada, dolida, agotada, de la misma vida, de la vida misma, queriendo morder una manzana antes de desfallecer por hambre, más los dientes se le van deshaciendo de a poco, mientras una delgada lágrima, casi imperceptible le escurre de los morados párpados, bajando por la mejilla dibujándole un camino de pureza, entre tanta suciedad, revelando la palidez en su piel.
Me llevo una mano al extremo derecho de mi cuerpo, apuñando el asiento; cerrando los ojos y apretando los labios. Quiero gritar. Quiero decirte que siento tu dolor, que a mí también me duele, que me siento seco, contaminado, desequilibrado, cansado, que a veces el calor del sol es demasiado, calcina mi piel, mis ilusiones. Mis pasos de repente pierden dirección. Quiero correr y abrazarte, y besar alguna de tus ramas, o tus lagos, o tus venados, o tus nubes, o tu aire, todo lo que regalas sin pedir nada a cambio. Entiendo tu dolor, compártelo conmigo, puedo cargar al menos un saquito.
¿Por dónde comenzar?.
Cuando se habla de una historia, he escuchado se debe comenzar por el principio.
Por alguna razón siento que sería mejor hablar de nuestro final, ese que aún no encuentro, pero sé que está, por ahí, dormido en algún rincón de mi cabeza.
Apareces y el espíritu se ensancha, de grandeza, de ímpetu, de alegría y calidez, de sonrisas y canciones.
El ser diminuto que era, no es más.
Termina la anonimidad, ya existo.
Descubro que puedo hablar.
Mis labios se abren, te llaman; asistes, me besas.
Los brazos se me vuelven largos, te envuelvo.
Los pulmones inflados de felicidad, te piden: "No te vayas"
¿Y después? No más.
" No más " me explico yo: " No más .. ".
Lo siguiente: Olvidar.
¿Olvidar?
¿Cómo hago?.
Inconclusión.
- Hola, buenas noches, me das un ticket para " La última hora" ?.
-Claro, sólo uno? (me mira fijo y con cierta extrañeza)
-Sí, si eres tan amable. (Sonrío, admitiendo su extrañeza.)
Palabra, tras palabra, tras palabra que escupe la pantalla, y golpean mi frente sin decirme nada, y de pronto ahí está la imagen, demacrada, dolida, agotada, de la misma vida, de la vida misma, queriendo morder una manzana antes de desfallecer por hambre, más los dientes se le van deshaciendo de a poco, mientras una delgada lágrima, casi imperceptible le escurre de los morados párpados, bajando por la mejilla dibujándole un camino de pureza, entre tanta suciedad, revelando la palidez en su piel.
Me llevo una mano al extremo derecho de mi cuerpo, apuñando el asiento; cerrando los ojos y apretando los labios. Quiero gritar. Quiero decirte que siento tu dolor, que a mí también me duele, que me siento seco, contaminado, desequilibrado, cansado, que a veces el calor del sol es demasiado, calcina mi piel, mis ilusiones. Mis pasos de repente pierden dirección. Quiero correr y abrazarte, y besar alguna de tus ramas, o tus lagos, o tus venados, o tus nubes, o tu aire, todo lo que regalas sin pedir nada a cambio. Entiendo tu dolor, compártelo conmigo, puedo cargar al menos un saquito.
sábado, 22 de marzo de 2008
Amanece
Despegué el espíritu del colchón, ese que me tiene, sostiene y dá calor a mis anhelos.
Apurado por la mañana, en espera de encontrarte.
Muy temprano, más de lo común.
Fuí dirigiendo mi acanelada anatomía, despojado de la flaqueza que dejó el ayer.
Vine a encontrarte.
Como siempre apareciste, puntual, resuelto,
Con la coqueta sonrisa, asomada entre cachos de algodón.
Te voy siguiendo.
Acerco las palmas de mis manos, para acariciarte y no me quemas.
Quisiera robar un poco de tu luz, darle a mis ideas claridad.
Ser tan alto, tan huraño, tan resuelto como tú.
Fué llegando calladito atardecer.
Resignado, resolviste comenzar a caer.
Altivo y sin esconderte a la vista, ibas posandote sobre esa cama azul.
Esa que a pesar de tu lejanía, no te niega el refugio de su paz.
Que a pesar de ser tranquila, baila siempre a tu compás.
Te vas durmiendo.
Apurado por la mañana, en espera de encontrarte.
Muy temprano, más de lo común.
Fuí dirigiendo mi acanelada anatomía, despojado de la flaqueza que dejó el ayer.
Vine a encontrarte.
Como siempre apareciste, puntual, resuelto,
Con la coqueta sonrisa, asomada entre cachos de algodón.
Te voy siguiendo.
Acerco las palmas de mis manos, para acariciarte y no me quemas.
Quisiera robar un poco de tu luz, darle a mis ideas claridad.
Ser tan alto, tan huraño, tan resuelto como tú.
Fué llegando calladito atardecer.
Resignado, resolviste comenzar a caer.
Altivo y sin esconderte a la vista, ibas posandote sobre esa cama azul.
Esa que a pesar de tu lejanía, no te niega el refugio de su paz.
Que a pesar de ser tranquila, baila siempre a tu compás.
Te vas durmiendo.
martes, 11 de marzo de 2008
Resistencia.
Es esta una de las etapas más intensas en mi vida.
Me mudo de casa.
Me voy de casa.
Me alejo de casa, más no dejo mí casa.
Cambio la risa del mar, por el rugir del bullicio.
Cambio la fresca brisa de abril, por un avasallante calor en la piel.
Cambio la quietud de saberme seguro, por la incertidumbre del tal vez.
Cambio la sonrisa temprana de mi madre, por algún tibio café.
Cambio, cambios, ¿cambiaré?.
Qué confusa situación, por un lado me conmueve hasta gritar el sentirme lejano, de todos, de nadie, de mí.
Por el otro, toda emoción bonita (y alguna que otra colada), sube como espuma a mi garganta, canta, baila, salta, explota convertida en alegría, sabiendo que por fin seremos plenos, unidos, uno.
Y es entonces cuando descubro también que no todo es miel sobre hojuelas.
Que como decía mi compadre Newton: " A toda acción le corresponde una reacción, de la misma magnitud pero en sentido contrario ". Algo susurraba a mi oído: -Resistencia ..
Pero yo me encuentro inmerso en la nostalgia de partir, en la emoción de surgir; en las tremendas ganas de explotar mi grandeza, de llevarme más allá, de llegar a donde no conozco, ni me conocen, sin mapas, ni noción, teniendo como brújula sólo mis ganas de saberme en tierra firme, de fluir.
Continúa ese zumbido en mi orejita izquierda, por que la derecha se la dedico al mar, ese mar que me arrullará cada noche que me sepa lejos de él, ese mar que cuidará de mi casa, de mis ganas y esperanzas, de mi fé. -Resistencia .. resistencia.
Entonces me despego de mi cómoda silla con respaldo acolchonado, con apuro me dirijo al librero precisando encontrar la enciclopedia. Reja, Remo, Rezo(qué bonita palabra, uy! ya me pasé), ¿Resistencia? ¿Resistencia? .. ¡Resistencia!.
Resistencia: es todo acto o actitud opuesto al encuadre terapéutico, o bien, desde el enfoque psicoanalítico, opuesto a la labor conscientizadora.
Desde un punto de vista general, un comportamiento de resistencia es una conducta de oposición de un individuo frente a otro (o a un grupo) que puede tener un valor positivo o negativo. Es negativo cuando funciona como una oposición al bienestar propio y colectivo. Es positivo cuando permite conservar hábitos valiosos a pesar de la oposición del ambiente, por ejemplo cuando un niño siempre se lava las manos pese a que sus compañeros no lo hacen.
Entonces eso es resistencia, pero ¿resistencia a qué o a quién?.
El niño se lava las manos, por que sabe que es mejor para él, por que así el riesgo de contraer una infección estomacal o viral, se disminuye, a pesar de que sus compañeros se niegan a hacerlo.
Pero ¿a razón de qué es que no lo hacen? ¿para no estar sanos?.
¡Ya comienzo a entender!
¡Claro! ¡Resistencia! ¡Temor al unísono! a sentirse fuera de lugar, estar en contra de los demás. De seguro uno de ellos, el más alto, se impuso y dijo: " Yo no me las lavo! ", y el resto de ellos como buenas ovejitas siguieron la idea.
De ahí entonces la carga tan pesada de comentarios ácidos, de tímidos rasguños al corazón, de apachurrarme toda bella emoción. Ellos ven esto como un cambio, por que no me quedo, por que mis aspiraciones son distintas, por que a mi me gusta crear, y crear nunca es bueno, crear no es normal, debe uno usar siempre un manual, y hacer exactamente lo que dice, no brincarse un solo paso.
Yo lo veo como una etapa, como un regalo de la vida misma.
Como la oportunidad de ser de nuevo un pupilo, escuchar atento, aprender, entender, explicarme, crecer.
Por que es tiempo ya, es mí tiempo, de nadie más.
Me mudo de casa.
Me voy de casa.
Me alejo de casa, más no dejo mí casa.
Cambio la risa del mar, por el rugir del bullicio.
Cambio la fresca brisa de abril, por un avasallante calor en la piel.
Cambio la quietud de saberme seguro, por la incertidumbre del tal vez.
Cambio la sonrisa temprana de mi madre, por algún tibio café.
Cambio, cambios, ¿cambiaré?.
Qué confusa situación, por un lado me conmueve hasta gritar el sentirme lejano, de todos, de nadie, de mí.
Por el otro, toda emoción bonita (y alguna que otra colada), sube como espuma a mi garganta, canta, baila, salta, explota convertida en alegría, sabiendo que por fin seremos plenos, unidos, uno.
Y es entonces cuando descubro también que no todo es miel sobre hojuelas.
Que como decía mi compadre Newton: " A toda acción le corresponde una reacción, de la misma magnitud pero en sentido contrario ". Algo susurraba a mi oído: -Resistencia ..
Pero yo me encuentro inmerso en la nostalgia de partir, en la emoción de surgir; en las tremendas ganas de explotar mi grandeza, de llevarme más allá, de llegar a donde no conozco, ni me conocen, sin mapas, ni noción, teniendo como brújula sólo mis ganas de saberme en tierra firme, de fluir.
Continúa ese zumbido en mi orejita izquierda, por que la derecha se la dedico al mar, ese mar que me arrullará cada noche que me sepa lejos de él, ese mar que cuidará de mi casa, de mis ganas y esperanzas, de mi fé. -Resistencia .. resistencia.
Entonces me despego de mi cómoda silla con respaldo acolchonado, con apuro me dirijo al librero precisando encontrar la enciclopedia. Reja, Remo, Rezo(qué bonita palabra, uy! ya me pasé), ¿Resistencia? ¿Resistencia? .. ¡Resistencia!.
Resistencia: es todo acto o actitud opuesto al encuadre terapéutico, o bien, desde el enfoque psicoanalítico, opuesto a la labor conscientizadora.
Desde un punto de vista general, un comportamiento de resistencia es una conducta de oposición de un individuo frente a otro (o a un grupo) que puede tener un valor positivo o negativo. Es negativo cuando funciona como una oposición al bienestar propio y colectivo. Es positivo cuando permite conservar hábitos valiosos a pesar de la oposición del ambiente, por ejemplo cuando un niño siempre se lava las manos pese a que sus compañeros no lo hacen.
Entonces eso es resistencia, pero ¿resistencia a qué o a quién?.
El niño se lava las manos, por que sabe que es mejor para él, por que así el riesgo de contraer una infección estomacal o viral, se disminuye, a pesar de que sus compañeros se niegan a hacerlo.
Pero ¿a razón de qué es que no lo hacen? ¿para no estar sanos?.
¡Ya comienzo a entender!
¡Claro! ¡Resistencia! ¡Temor al unísono! a sentirse fuera de lugar, estar en contra de los demás. De seguro uno de ellos, el más alto, se impuso y dijo: " Yo no me las lavo! ", y el resto de ellos como buenas ovejitas siguieron la idea.
De ahí entonces la carga tan pesada de comentarios ácidos, de tímidos rasguños al corazón, de apachurrarme toda bella emoción. Ellos ven esto como un cambio, por que no me quedo, por que mis aspiraciones son distintas, por que a mi me gusta crear, y crear nunca es bueno, crear no es normal, debe uno usar siempre un manual, y hacer exactamente lo que dice, no brincarse un solo paso.
Yo lo veo como una etapa, como un regalo de la vida misma.
Como la oportunidad de ser de nuevo un pupilo, escuchar atento, aprender, entender, explicarme, crecer.
Por que es tiempo ya, es mí tiempo, de nadie más.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
La historia del cadáver incompleto.
Dicen que ocurrió durante el período de vacaciones, nunca supe si fué verdad o no, y quizá ha sido mejor así; la sola idea de imaginar que ocurrió me aterra, pero jamás he podido evitar ser curioso.
- ¡Fué asesinado!. - Le dijo Pipó a Eder, con una voz muy sigilosa, como si en lugar de saliva, fuese una navaja lo que lubricaba su garganta. -¿Asesinado?.- Preguntó Eder, mientras el terror comenzaba a escurrirle por la frente. -¿Cómo lo sabes? ¿Tú lo viste? ¡Nadie pudo haberlo asesinado!.
-¡Claro que lo ví!. - Exclamo Pipó, abriendo sus párpados, revelando una terrorífica mirada. - Lo único que quedó de él fué su dedo índice.
-¡Estás mintiendo! .. - Maulló Eder.
-No lo estoy, esta mañana cuando fuí a la bodega por un par de escobas para asear el salón, ví su dedo sobre una caja, bañado en sangre. - Dijo Pipó, quien era un niño de gran estatura, comparado con Eder; solía inventar historias, y muy poco de lo que decía era de verdad confiable, sin embargo, había cierto olor a misterio en el relato, y Eder era el tipo de niño que flaqueaba ante sucesos tales, pero en su flaqueza, había también un hilo que le ataba a la circunstancia, y no le dejaba escabullirze tan fácil.
-¡Pues no te creo!, y si sigues tratando de asustarme, te acusaré con la maestra. - Sollozó Eder.
-¡Bah!, marica ... Bien, ya no te diré nada, pero te recomiendo alejarte de la bodega, a menos que quieras ser descuartizado también!- Rugió Pipó, dejándose ir a piquetes contra las costillas de Eder.
En casa, el despertador de Eder era violentamente interrumpido por un manotazo, cada vez que anunciaba la llegada de los primeros rayos del sol; las 7:15 y Eder seguía en cama, preso del tierno abrazo de sus sábanas.
Los días en la escuela transcurrían sin pena ni gloria, muy puntuales a las 7:30 de la mañana se escuchaba el golpeteo de los escolares zapatos, contra la frescura del asfalto matutino; primero ¡Tum¡ y después ¡Tum tum tum!, iban apresurando la marcha.
Había que llegar pronto, pues como buenos niños, algunos eran incumplidos y olvidadizos, faltaba terminar la lista de palabras escritas en letra cursiva que la maestra había dejado de tarea, copiar también el resultado de las operaciones de la clase de matemáticas, e intercambiar estampitas repetidas e historietas, un sin fin de labores que no debían ser omitidas.
Sin ser advertida, y sin embargo muy esperada, llegó la hora del receso, la delataba el olor a comida fresca, y dulces, y alguno que otro embutido y aderezos, un tanto molestos al respirar.
Era entonces cuando el salón debía ser aseado, pues es más fácil así, todos afuera jugando, mientras uno de ellos es maldecido con el golpe en seco de la obligación, y esta vez fué el turno de Eder para llevar a cabo esa labor.
Lento y con mucha precaución iba acercándose a la ya tan famosa bodega. Primero firme, cuál decidida roca frente a la furia del mar. Después, algo más parecido a un castillo de arena, siendo derribado por una tímida ola. Las piernas se le volvían de agua. La respiración entrecortada, a ratos ausente. Finalmente tiene frente a sí la desgastada puerta de madera que divide la bodega del oscuro y callado pasillo, que lo aleja de la quietud de saberse a salvo. Bien abierta la palma de la mano, tierna fuerza de niño que empuja. La puerta responde: -Crrr! ....
Despacio y con mucha prisa entra a la bodega, decidido a abandonar el lugar tan pronto le sea posible. Primero estira su brazo derecho, y toma con arrebato el trapeador y la escoba, para después arrojarlos hacia afuera. Después viene el brazo izquierdo, totalmente erguido y de puntitas junto a la repisa, comienza a tirar manazos para bajar de ahí lo que necesita.
Van cayendo uno a uno los utensilios: Esponja, franela, jabón y ese blanqueador que causa ardor en la nariz, aromatizante, humedad.
-¿Humedad?- Jadea Eder. Sí, humedad.
Baja la mano envuelto en temor, sus ojos medio cerrados, medio abiertos, aterrado por ver claramente lo que podía ser...
-¡Sangre!- Comienzan a brotarle lágrimas de temor, y piensa en emprender la huída cuando sus piernas ya han tomado la desición por él.
- ¡Fué asesinado!. - Le dijo Pipó a Eder, con una voz muy sigilosa, como si en lugar de saliva, fuese una navaja lo que lubricaba su garganta. -¿Asesinado?.- Preguntó Eder, mientras el terror comenzaba a escurrirle por la frente. -¿Cómo lo sabes? ¿Tú lo viste? ¡Nadie pudo haberlo asesinado!.
-¡Claro que lo ví!. - Exclamo Pipó, abriendo sus párpados, revelando una terrorífica mirada. - Lo único que quedó de él fué su dedo índice.
-¡Estás mintiendo! .. - Maulló Eder.
-No lo estoy, esta mañana cuando fuí a la bodega por un par de escobas para asear el salón, ví su dedo sobre una caja, bañado en sangre. - Dijo Pipó, quien era un niño de gran estatura, comparado con Eder; solía inventar historias, y muy poco de lo que decía era de verdad confiable, sin embargo, había cierto olor a misterio en el relato, y Eder era el tipo de niño que flaqueaba ante sucesos tales, pero en su flaqueza, había también un hilo que le ataba a la circunstancia, y no le dejaba escabullirze tan fácil.
-¡Pues no te creo!, y si sigues tratando de asustarme, te acusaré con la maestra. - Sollozó Eder.
-¡Bah!, marica ... Bien, ya no te diré nada, pero te recomiendo alejarte de la bodega, a menos que quieras ser descuartizado también!- Rugió Pipó, dejándose ir a piquetes contra las costillas de Eder.
En casa, el despertador de Eder era violentamente interrumpido por un manotazo, cada vez que anunciaba la llegada de los primeros rayos del sol; las 7:15 y Eder seguía en cama, preso del tierno abrazo de sus sábanas.
Los días en la escuela transcurrían sin pena ni gloria, muy puntuales a las 7:30 de la mañana se escuchaba el golpeteo de los escolares zapatos, contra la frescura del asfalto matutino; primero ¡Tum¡ y después ¡Tum tum tum!, iban apresurando la marcha.
Había que llegar pronto, pues como buenos niños, algunos eran incumplidos y olvidadizos, faltaba terminar la lista de palabras escritas en letra cursiva que la maestra había dejado de tarea, copiar también el resultado de las operaciones de la clase de matemáticas, e intercambiar estampitas repetidas e historietas, un sin fin de labores que no debían ser omitidas.
Sin ser advertida, y sin embargo muy esperada, llegó la hora del receso, la delataba el olor a comida fresca, y dulces, y alguno que otro embutido y aderezos, un tanto molestos al respirar.
Era entonces cuando el salón debía ser aseado, pues es más fácil así, todos afuera jugando, mientras uno de ellos es maldecido con el golpe en seco de la obligación, y esta vez fué el turno de Eder para llevar a cabo esa labor.
Lento y con mucha precaución iba acercándose a la ya tan famosa bodega. Primero firme, cuál decidida roca frente a la furia del mar. Después, algo más parecido a un castillo de arena, siendo derribado por una tímida ola. Las piernas se le volvían de agua. La respiración entrecortada, a ratos ausente. Finalmente tiene frente a sí la desgastada puerta de madera que divide la bodega del oscuro y callado pasillo, que lo aleja de la quietud de saberse a salvo. Bien abierta la palma de la mano, tierna fuerza de niño que empuja. La puerta responde: -Crrr! ....
Despacio y con mucha prisa entra a la bodega, decidido a abandonar el lugar tan pronto le sea posible. Primero estira su brazo derecho, y toma con arrebato el trapeador y la escoba, para después arrojarlos hacia afuera. Después viene el brazo izquierdo, totalmente erguido y de puntitas junto a la repisa, comienza a tirar manazos para bajar de ahí lo que necesita.
Van cayendo uno a uno los utensilios: Esponja, franela, jabón y ese blanqueador que causa ardor en la nariz, aromatizante, humedad.
-¿Humedad?- Jadea Eder. Sí, humedad.
Baja la mano envuelto en temor, sus ojos medio cerrados, medio abiertos, aterrado por ver claramente lo que podía ser...
-¡Sangre!- Comienzan a brotarle lágrimas de temor, y piensa en emprender la huída cuando sus piernas ya han tomado la desición por él.
domingo, 25 de noviembre de 2007
Feliz cumpleaños!
Creo que estoy aún a tiempo de hacer un breve recuento de lo que han significado para mí, estos últimos 21 años; aquel que llegue a leer esto, entenderá que no es tan fácil recapitular y rescatar todo detalle que pueda definitivamente marcar un espacio propio de sí en tú vida.
Después de haberme tomado un breve, pero suficiente tiempo, he llegado a la conclusión de que soy una persona que disfruta por extremo los detalles, esos que sazonan y le dan un dulce sabor a la experiencia. Siempre me he encontrado, en todos y cada uno de mis cumpleaños, muy necesitado de un pastel; es como sí me hiciera caer en cuenta que de verdad es una fiesta, y curiosamente no en todos mis cumpleaños ha estado presente uno, en algunas ocasiones por mero olvido, de concentrarme en organizar otros detalles, o por que simplemente no se puede.
Fué entonces que en este cumpleaños, por ser mi número 22, quize hacerlo diferente, exigí un pastel; así es mi muy querido lectorcito oculto tras del frío monitor(jaja), exigí, demandé, reclamé un pastel, y fué mi madre la encargada de desarrollar dicha tarea.
Creo que esta fijación me viene desde una edad muy temprana, cuando eres niño realmente no piensas en otra cosa, escuchas la palabra: " Fiesta " y de pronto, cuál cálido ventarrón de abril, te destella la imagen del brillo del sol, reflejándose en globos de mil y un colores, el olor a chocolate, las risas de los amigos, las manías del payaso, el suave crujir de tu pastel mientras al tono de: " mordida! mordida! " te acercas ferozmente, y sin advertirlo aparece la mano siempre presente y dispuesta, a hundirte la cara en el betún. Ah, que hermosas sensaciones!.
Esa es siempre la visión, que considero yo, se encuentra en la mente de todo niño.
Los recuerdos de mis cumpleaños han sido muy felices, sin embargo, hubo una ocasión que por poquito y el amargo sabor de la austeridad, se roba mi plenitud infantil.
En algún momento de mí vida, mis padres no tuvieron la oportunidad de celebrarme de una forma tan colorida, había deudas en la casa, y mi madre siempre ha dicho: " Prefiero tener un techo seguro, y un plato de cálida sopa en la mesa para mis hijos, que mil años de diversión. "
Así que bueno, no había manera de comprar un pastel, o globos, o chocolates, mucho menos pensar en payasos, eramos tan solo nosotros, y una rica ensalada que mamá había preparado, yo sentía la añoranza de un pastel, cuando de pronto se delata la imagen de mi padre tras la puerta, trayendo en la mano izquierda una pequeña cajita blanca, mientras con su otra mano cerraba el cancel ; en mí cara se pintaba una sonrisa, cuando ví que su rostro revelaba una también, y es que era tan predecible mi padre, que en su afán por sorprenderte terminaba siempre conmoviéndote. Puso la caja sobre la mesa, y me veía fijo mientras la abría, como si quisiera grabar todos y cada uno de los detalles que ocurrían en ese momento.
De repente, y sin poder controlarlo, de mí garganta estallo una carcajada tan sublime, tan ruidosa, tan alegre! en esa pequeña cajita, no más grande que la mano de mí padre, estaba el pastel más bello, más delicioso, más amado que jamás probé. La forma era de un corazón, cubierto en betún de color blanco, y adornado con fresas en el centro, era pequeño, no había espacio para un " Feliz cumpleaños Manuel ", y aún así era perfecto, yo moría por morderlo, pero temía que al hacerlo fuese a arruinarse, y no poder compartirlo con mis papás y mi hermana, miré a mí padre, y él asintió con la cabeza como diciendo: " anda, hazlo ".
Y entonces, las mañanitas, que sonaban tan perfectas, tan melosas, que le dieron esa bella característica a la única ocasión, en que la tristeza casi vence al ingenio de mis padres.
Gracias hermoso par, por mantenerme siempre bien, por bien mantenerme siempre, por siempre estar aquí.
Te extraño Pa' , nadie hace la crema de verduras tan sabroso como tú.
Después de haberme tomado un breve, pero suficiente tiempo, he llegado a la conclusión de que soy una persona que disfruta por extremo los detalles, esos que sazonan y le dan un dulce sabor a la experiencia. Siempre me he encontrado, en todos y cada uno de mis cumpleaños, muy necesitado de un pastel; es como sí me hiciera caer en cuenta que de verdad es una fiesta, y curiosamente no en todos mis cumpleaños ha estado presente uno, en algunas ocasiones por mero olvido, de concentrarme en organizar otros detalles, o por que simplemente no se puede.
Fué entonces que en este cumpleaños, por ser mi número 22, quize hacerlo diferente, exigí un pastel; así es mi muy querido lectorcito oculto tras del frío monitor(jaja), exigí, demandé, reclamé un pastel, y fué mi madre la encargada de desarrollar dicha tarea.
Creo que esta fijación me viene desde una edad muy temprana, cuando eres niño realmente no piensas en otra cosa, escuchas la palabra: " Fiesta " y de pronto, cuál cálido ventarrón de abril, te destella la imagen del brillo del sol, reflejándose en globos de mil y un colores, el olor a chocolate, las risas de los amigos, las manías del payaso, el suave crujir de tu pastel mientras al tono de: " mordida! mordida! " te acercas ferozmente, y sin advertirlo aparece la mano siempre presente y dispuesta, a hundirte la cara en el betún. Ah, que hermosas sensaciones!.
Esa es siempre la visión, que considero yo, se encuentra en la mente de todo niño.
Los recuerdos de mis cumpleaños han sido muy felices, sin embargo, hubo una ocasión que por poquito y el amargo sabor de la austeridad, se roba mi plenitud infantil.
En algún momento de mí vida, mis padres no tuvieron la oportunidad de celebrarme de una forma tan colorida, había deudas en la casa, y mi madre siempre ha dicho: " Prefiero tener un techo seguro, y un plato de cálida sopa en la mesa para mis hijos, que mil años de diversión. "
Así que bueno, no había manera de comprar un pastel, o globos, o chocolates, mucho menos pensar en payasos, eramos tan solo nosotros, y una rica ensalada que mamá había preparado, yo sentía la añoranza de un pastel, cuando de pronto se delata la imagen de mi padre tras la puerta, trayendo en la mano izquierda una pequeña cajita blanca, mientras con su otra mano cerraba el cancel ; en mí cara se pintaba una sonrisa, cuando ví que su rostro revelaba una también, y es que era tan predecible mi padre, que en su afán por sorprenderte terminaba siempre conmoviéndote. Puso la caja sobre la mesa, y me veía fijo mientras la abría, como si quisiera grabar todos y cada uno de los detalles que ocurrían en ese momento.
De repente, y sin poder controlarlo, de mí garganta estallo una carcajada tan sublime, tan ruidosa, tan alegre! en esa pequeña cajita, no más grande que la mano de mí padre, estaba el pastel más bello, más delicioso, más amado que jamás probé. La forma era de un corazón, cubierto en betún de color blanco, y adornado con fresas en el centro, era pequeño, no había espacio para un " Feliz cumpleaños Manuel ", y aún así era perfecto, yo moría por morderlo, pero temía que al hacerlo fuese a arruinarse, y no poder compartirlo con mis papás y mi hermana, miré a mí padre, y él asintió con la cabeza como diciendo: " anda, hazlo ".
Y entonces, las mañanitas, que sonaban tan perfectas, tan melosas, que le dieron esa bella característica a la única ocasión, en que la tristeza casi vence al ingenio de mis padres.
Gracias hermoso par, por mantenerme siempre bien, por bien mantenerme siempre, por siempre estar aquí.
Te extraño Pa' , nadie hace la crema de verduras tan sabroso como tú.
sábado, 3 de noviembre de 2007
¿De quién es esta boca?
¿De quién es esta boca, que detienen mis dientes?
Que sola se oprime para sí, y lanza besos internos.
¿De quién es?
¿De quién es esta boca, que de a poco se seca?
Y que el intempestivo viento, helado como es; podrá destrozarle.
¿De quién es?
¿De quién es esta boca, que confundida se abraza?
En espera de esos, los otros labios, que habrán de sumergirla en humedad.
Causando la bella agonía, interminable respiración, que tiene a bien ausentarse.
¿De quién es?
Y le arrojo un suspiro al viento,
A manera de silenciosa súplica,
En espera que retumbe al eco; en espera de ese reclamo que puede estremecerme,
Rompiendo la quietud, y exigiendo : " Esa boca es mía ".
Que sola se oprime para sí, y lanza besos internos.
¿De quién es?
¿De quién es esta boca, que de a poco se seca?
Y que el intempestivo viento, helado como es; podrá destrozarle.
¿De quién es?
¿De quién es esta boca, que confundida se abraza?
En espera de esos, los otros labios, que habrán de sumergirla en humedad.
Causando la bella agonía, interminable respiración, que tiene a bien ausentarse.
¿De quién es?
Y le arrojo un suspiro al viento,
A manera de silenciosa súplica,
En espera que retumbe al eco; en espera de ese reclamo que puede estremecerme,
Rompiendo la quietud, y exigiendo : " Esa boca es mía ".
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